Posteado por: El Conde | 25 enero 2008

Qué está en juego en Venezuela?

Por Eduardo Anguita, desde Caracas

Después del 2 de diciembre del año pasado, cuando Hugo Chávez no logró los votos suficientes para reformar la Constitución venezolana, muchos centraron el eje en que no podrá ser reelecto cuando finalice su mandato en enero de 2013. Sin embargo, hay un tema de fondo que no debería soslayarse respecto de las medidas que proponían avanzar en la “propiedad social”, una de las claves para entender de qué se trata el Socialismo del siglo XXI pregonado por los bolivarianos. Ante todo, hay que decir que los venezolanos están politizados, están involucrados con las transformaciones que vive su país. Una gran mayoría desde hace diez años no sólo respalda a Chávez en los comicios sino que se organiza en partidos políticos, sindicatos y las diversas organizaciones territoriales y sociales que componen el movimiento bolivariano. Otros venezolanos se oponen, y no son pocos: se sienten expresados en los dos diarios de Caracas y dos cadenas de televisión que preceden a Chávez. En cuanto a los partidos políticos opositores, sólo se unen para denunciar a Chávez. Lo cual fue un alerta para algunas modificaciones sustantivas de su gestión.

Por estos días, el gobierno puso en marcha la empresa Productora y Distribuidora de Alimentos (PDVAL), destinada a vender leche, pollo, carne y otros productos básicos a precios más baratos que el mercado pero que intenten no generar pérdidas para el Estado. Esta red coloca cientos de puntos de distribución y va destinada tanto a sectores populares como a sectores medios, afectados por la carestía de la vida y cuya afinidad con el chavismo es limitada. PDVAL depende de la petrolera estatal PDVSA y utiliza tanto sus redes como parte de la renta petrolera para este emprendimiento que pretende disputar esta área clave al sector privado que, hasta ahora, lo controló casi completamente. La única excepción es la Misión Mercal (Mercado de Alimentos, creada en 2003) y cuyo objetivo es entregar comida a precios subsidiados entre las poblaciones más necesitadas. Hay que aclarar que la pobreza en Venezuela era muy grande y que el chavismo, como todos los movimientos políticos populares, no obtiene protagonismo popular de entregar subsidios. Aunque la renta petrolera le permite contar con fondos suficientes como para realizar obras de infraestructura, viviendas o para indemnizar a los terratenientes cuyas tierras son expropiadas para distribuir entre campesinos, después de diez años de gobierno, los bolivarianos confirman que el clientelismo no genera avances en un modelo más integrado, cuya pata débil, como siempre, es la industria. Venezuela vivió treinta años (1958-1989) de paz social con un modelo de exclusión social inmenso -50% de pobres- y de una riqueza petrolera que permitía equilibrar las cuentas. Total, Miami estaba cerca, tanto para ir de compras como para importar prácticamente todo.

El modelo actual

Hoy, en Caracas, en vez de que la bolsa de valores tiemble, se lanza formalmente el banco del ALBA. Mañana, lo anunciarán Hugo Chávez, el nicaragüense Daniel Ortega, el boliviano Evo Morales y el vicepresidente cubano Carlos Lage. La decisión de Chávez de confrontar con Álvaro Uribe –el último aliado de George Bush en Latinoamérica- tiene, entre otros motivos, el de avanzar con firmeza hacia mecanismos de integración que den oxígeno y margen de maniobra a los gobernantes de la región. En ese sentido, con otros socios de más peso como Brasil y Argentina, Chávez tiene proyectos ambiciosos como el Banco del Sur o el corredor energético. Aquí es importante detenerse en cómo leen los bolivarianos el escenario. Por un lado, tienen una prédica antiimperialista, revolucionaria y socialista. Disputan su discurso, en las tribunas y los medios de comunicación sin artilugios. Hablan de Ernesto Guevara o de Fidel Castro sin complejos, por ejemplo. Pero, el rescate de la identidad combativa de los movimientos sociales o la ideología revolucionaria de los conductores no es todo en el modelo bolivariano. Industrializar Venezuela en la era de la globalización es un baño de realidad: el Banco de Venezuela –privado- es del grupo español Santander, la principal siderúrgica es Ternium, del grupo argentino Techint, que cotiza en Wall Street, el parque automotor es como en todos lados, de empresas cuyas casas matrices están en el llamado Primer Mundo. Los ejemplos siguen, y hasta la provisión de repuestos para la Fuerza Armada bolivariana atraviesa la compleja trama de las restricciones del Senado norteamericano que cuentan con distintos niveles de dificultad –hasta la prohibición directa- en caso de que un gobierno sea considerado adverso a los intereses nacionales de Estados Unidos. Esto es, no sólo las empresas norteamericanas entran en ese bloqueo sino también las que utilizan tecnologías o tienen licencias de esas compañías. Por caso, la brasilera Embraer no le está vendiendo algunas piezas a Venezuela, pese a la relación estrecha entre ambos gobiernos.

¿Por qué se discute de terrorismo?

Mientras las bolsas del mundo temblaban, Estados Unidos no recortó sus gastos militares sino que decidió mantener en 160 mil soldados en Irak y reforzar sus efectivos en Afganistán. En ambos casos, las razones norteamericanas fueron el terrorismo. El cerco israelí que cobra vidas en la Franja de Gaza está justificado para la Casa Blanca porque Hamas es un grupo terrorista. En estos días, la prensa del establishment venezolano se hace eco de que efectivos y dirigentes de las FARC están en Ecuador y Venezuela. La compleja historia de esa guerrilla no es ajena al descalabro provocado por las Fuerzas Armadas colombianas y los grupos paramilitares que, entre otras cosas, hicieron que el mayor número de desplazados en Latinoamérica sea Colombia, unos tres millones de campesinos. Sin embargo, Álvaro Uribe suscribe todas las políticas norteamericanas, desde el Plan Patriota hasta el Tratado de Libre Comercio. La paga es simple: recibir al Zar antidrogas John Walters en Medellín para escuchar las sospechas que pesarían sobre Hugo Chávez en el tráfico de estupefacientes, información que anteayer fue rectificada por la Casa Blanca.

Cabe aclarar que es difícil evaluar si la Casa Blanca está dispuesta a intervenir en países latinoamericanos de manera directa como lo hizo en tantas oportunidades (algunas no tan lejanas como la de Panamá en 1989). Lo que sí se sabe es que la prensa es un gran vehículo para crear confusión y atemorizar a los pueblos con las ideas catastróficas que circulan sobre los terroristas. Pocos saben que la mayoría de los acusados por la CIA fueron –o son- aliados o agentes de la agencia de inteligencia. George Bush, que tuvo sus picos de popularidad más altos cuando le declaró la guerra al “terrorismo islámico” algún día tendrá que explicar –quizá frente a los tribunales- quién es Bin Laden.


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