Posteado por: El Conde | 23 enero 2008

VENEZUELA, BUENA LECHE

Por Eduardo Anguita, para 7 Días

Desde Caracas, el 23 de enero

Caracas, VenezuelaLas calles y los edificios de esta ciudad se levantan entre tupidos montes verdes. Caracas está desbordada de autos pero más de naturaleza. Con un aire templado y un tremendo tráfico, sus habitantes hoy viven un día histórico: cincuenta años atrás, el dictador Marcos Pérez Jiménez subía al avión con familia y fortunas para abandonar el poder y dejar el lugar a una Junta Patriótica que representaba un levantamiento popular. La presidía un joven periodista de 29 años, Fabricio Ojeda, quien hasta entonces cubría las noticias del Palacio de Miraflores, la sede presidencial. Ojeda, en esa jornada, representaba el hartazgo popular y a los sectores más combativos de la izquierda venezolana. Los sindicatos desde dos días antes se habían lanzado a la huelga general y conspiraban con estudiantes y sectores de las fuerzas armadas.

Un dato curioso: desde el 20 de enero de ese año 1958, los periodistas fueron la avanzada de la huelga que aceleró la caída del dictador. La prensa, una vez más, como un factor clave a la hora de definir rumbos. Esa vez, como no tantas, a favor del pueblo. Aquel día, en las calles se olía el fin de las atrocidades cometidas por Pérez Jiménez. Mientras el dictador huía, sus esbirros quedaban: miles de insurrectos rodeaban las sedes policiales donde se torturaba y mataba a los opositores políticos, hasta que se entregaban a la Junta Patriótica y a los militares que la apoyaron.

Fabricio OjedaFabricio Ojeda, hace 50 años, de traje claro y corbata finita, peinado a la gomina, estrenaba su primer discurso en la legalidad. Su nombre, como el del resto de los miembros de la Junta, era un secreto. Su foto fue recogida por los periódicos del mundo. Era una jornada de gloria para Latinoamérica. La diplomacia del garrote de Estados Unidos, impulsada por el creador de la CIA Harry Truman y seguida por Dwight Eisenhower hacía mucho daño y no alcanzaban a frenar las resistencias populares. En Cuba, Fidel Castro y los barbudos luchaban desde año y medio en las sierras contra Fulgencio Batista; pero en el resto, las oligarquías locales y la diplomacia norteamericana imponían terror. Bien lo sabía Colombia, que en 1948 vio el asesinato del líder popular Jorge Eliécer Gaitán y diezJorge Eliécer Gaitán años después acumulaba 400 mil muertos por los atropellos del régimen. Bien lo sabía Guatemala, que en 1954 sufrió un golpe de Estado contra el presidente Jacobo Arbenz organizado por la compañía bananera United Fruit y el director de la CIA, Allen Dulles. O Nicaragua, donde el dictador Anastasio Somoza hacía lanzar a sus opositores vivos al interior de los volcanes o a las profundidades de la laguna de Xiloá. Lo había vivido Perú, hasta dos años antes, con la dictadura del general Pedro Odría. La Argentina no era ajena: el fusilador Pedro Eugenio Aramburu había llamado a elecciones generales para el 23 de febrero de 1958 después de convocar a una Convención Constituyente el año anterior en la cual ganó el voto en blanco, único recurso de los peronistas ante la proscripción de esa fuerza mayoritaria.

En ese contexto, el joven venezolano Ojeda era una bocanada de aire fresco. Pero tres días antes del 23 de enero, en Nueva York, Rómulo Betancourt, Rafael Caldera y Jóvito Villalba, representantes de los partidos “amigos” de la diplomacia del norte, sellaban un pacto que dejaba fuera a los comunistas y a otras fuerzas progresistas. Luego lo reafirmaron en el llamado Pacto de Punto Fijo, un compromiso para cogobernar entre ellos y no poner trabas a los intereses norteamericanos. La excusa era, entonces, la Guerra Fría, el peligro del comunismo. Algo no tan distinto del “terrorismo” al que apela George Bush para llevar la guerra a cualquier rincón del planeta. A partir de aquel momento, la vida de Fabricio Ojeda fue como la de otros líderes populares consecuentes. No transó. Y, al tiempo, sufrió las consecuencias: en 1962 fue proscripto y perseguido, se internó en las montañas como un guerrillero más de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional, una de las organizaciones surgidas al impulso del triunfo de la Revolución Cubana. Ojeda fue capturado en 1963 aunque pudo escaparse. La segunda vez no tuvo suerte, fue en junio de 1966, cuando la policía quiso fraguar un suicidio y directamente lo asesinó. Su memoria, en este agradable día caraqueño fue recordada por muchos bolivarianos de camisas rojas.

Medio siglo después

La gobernabilidad de la Venezuela del Punto Fijo se basó en el endeudamiento y la pobreza de la mitad de la población, pese a la poderosa economía del petróleo. La oligarquía caraqueña pensaba que el oro negro les permitía cualquier cosa. Así fue que el socialdemócrata Carlos Andrés Pérez, que había presidido el país entre 1974 y 1979,Carlos Andrés Perez ganó las elecciones de fines de 1988. A tono con las políticas neoliberales que llegaban de Estados Unidos, anunció un “plan de choque”: créditos del FMI, congelamiento de salarios, despido de empleados públicos y un plan reservado para controlar cualquier desborde. Se cumplían entonces los 30 años del Punto Fijo y los venezolanos dijeron basta: el Caracazo fue la respuesta de cientos de miles de pobres que ganaron las calles durante los dos últimos días de febrero de 1989. Pérez ordenó a los militares reprimir sin miramientos. Los cuerpos sin vida de más de dos mil humildes asesinados poblaron las calles de esta ciudad. Al interior de las Fuerzas Armadas empezaron a crearse círculos secretos de oficiales yHugo Chavez suboficiales. Fue en 1992 que el mundo conoció a Hugo Chávez, un ingeniero militar que diez años antes había fundado el Movimiento Bolivariano. Los días del Caracazo, Chávez cumplía funciones nada menos que en el Consejo de Seguridad. Su rebelión fue contada por la prensa internacional como la de un nacionalista antidemocrático y sin apoyo popular. Pasó dos años en prisión y cuando recuperó la libertad siguió en su carrera política. Cuando se presentó a las elecciones de fines de 1998, ganó con comodidad. Al asumir, juró sobre “esta moribunda Constitución” y a los pocos meses propuso una reforma que ganó con el 92% de los votos.

En una década, el gobierno de Chávez ganó sucesivas elecciones. En 2002, conjuró un golpe de Estado tramado por petroleros, agentes de la CIA y dueños de los canales de televisión. Nacionalizó el petróleo y mantuvo la paz social a la par que avanzó hacia una transformación profunda de la economía. Por eso, al pasar por la puerta de un cuartel, no debe extrañar que, en vez de la Adelita que, según la canción, podría irse con otro, hay unos sobrios carteles que rezan: “Patria, Socialismo o Muerte”.

El aroma de la tarde caraqueña

Pasado medio siglo, este 23 de enero es recordado por propios y ajenos. Para los opositores, es el aniversario del Pacto de Punto Fijo, esa fórmula de contubernio entre partidos del poder. Convocaron a una manifestación nutrida que Globovisión y RCTV –por cable- se encargaron de cubrir en detalle. Su entusiasmo se basa en el resultado del plebiscito del 2 de diciembre, donde Chávez perdió por apenas 200 mil votos y no logró reformar 69 artículos de la Constitución que, entre otras cosas, le hubieran permitido presentarse a elecciones cuando termine su mandato en enero de 2013. Sin embargo, los opositores gritan ante los micrófonos de los movileros que Chávez es un dictador y que en Venezuela falta libertad. Su poder mediático no les alcanza para explicar a sus seguidores por qué están tan peleados y no logran siquiera candidatos únicos de cara a las elecciones de alcaldes y gobernadores de noviembre próximo.

Los bolivarianos, por su parte, se muestran activos en los temas más sensibles al ciudadano común. En estos días, lanzaron acciones para frenar la especulación, bajar la inflación y evitar el desabastecimiento. Crearon la empresa estatal Productora y Distribuidora de Alimentos (PDVAL) que depende de PDVSA. Leche, pollos, carnes rojas, arroz y otros productos son vendidos en cientos de puntos de todo el país a precios fijos. Por caso, hoy al mediodía, Chávez apareció en un puesto instalado en el Museo Histórico Militar Cipriano Castro, en Caracas, acompañado de una de sus hijas, para conversar con quienes hacían la cola. Ahí mismo, una mujer mayor le dijo que no le alcanzaba para llevar todo lo que necesitaba. Chávez, de inmediato, se dirigió a uno de los funcionarios que, de rigurosa camisa roja, estaba en la escena y le dijo: “¿Por qué no le fías?” Y de inmediato agregó algo ya probado por Mohammad Yunus, el creador delMohammad Yunus Banco de los Pobres: “El pobre es buena paga”. Al rato, después de hacer cuentas en voz alta de cuánto se paga en el supermercado y cuánto en los puestos de PDVAL, Chávez se dirigió a una vendedora de la red pública de alimentos, también de riguroso rojo, quien le contó que, además, estudiaba en el colegio nocturno: “¿Y tienes beca?” Chávez, ante la negativa, ensayó en voz alta: “¿Cómo que no tienes beca? Es que no alcanzan para todos. Entonces tenemos que crear unas becas colectivas. Fíjate, lo que deben hacer es organizar el poder popular y pedir la beca, entonces ustedes mismos deciden cómo la utilizan…” Los bolivarianos, tras el resultado adverso del 2 de diciembre pasado, lanzaron el plan de las Tres erres: Revisión, Rectificación y Reimpulso. Una lucha, entre otras cosas, contra los que se acomodan en la comodidad de los despachos. Una señal clara es el lanzamiento de PDVAL bajo la órbita de la petrolera PDVSA en vez de hacerlo en la burocracia ministerial. Otra es que muchos actos de gobierno recaen en las Misiones Bolivarianas, que son organizaciones sociales y territoriales que crecen sin depender de ministerios y estructuras estatales.

Cae la tarde en Caracas, se arman “las colas”, como llaman a los embotellamientos de tránsito en esta ciudad. El crecimiento económico fue acompañado por líneas de subtes, autopistas y caminos. Pero las cuatro por cuatro se cruzan con coches viejos y hacen todo muy complicado, como en toda gran ciudad. Hoy, además, se sumó la congestión del corte de calles y avenidas, por tantas manifestaciones. Eso sí, las manifestaciones no se cruzan entre sí: en la zona rica, al este, se quejan los opositores; mientras que al oeste se expresan los de las laderas y las barriadas humildes, los que llevan diez años de gobierno bolivariano.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: